viernes, 29 de agosto de 2014

Competir con el alma. La confianza como factor.

“No permitas que nadie te diga que eres incapaz de hacer algo. Si tienes un sueño debes conservarlo. Si quieres algo sal a buscarlo. La gente que no logra conseguir sus sueños suele decirle a los demás que tampoco cumplirán los suyos.”
Will Smith. En busca de la felicidad.

         Ganan los mejores, aunque –eso sí- los mejores no siempre sean los más buenos. Quienes lo han vivido y lo han compartido saben que se trata de una cuestión de confianza. Todo lo que algunos quieren llamar triunfo, éxito o victoria tiene como elemento esencial e insustituible la fe inquebrantable en las posibilidades propias y de equipo. Efectivamente, cuando lo vives y lo compartes llegas a creer de tal modo en el valor de la entrega que todo parece posible y, muy poco, inexpugnable. Para entonces, ya estás compitiendo con el alma.
La confianza es una actitud potenciadora que, transformada en hábito, genera en las personas y equipos un espíritu inconfundible, proporciona un sello singular. Y es que, cuando te exiges cierto nivel de presencia y sólo te permites dar lo mejor, se puede llegar a perder sin que resultes del todo vencido. Para entonces, ya estás compitiendo con el alma.
La confianza, como sucede con el compromiso o la misma entrega, transpira sensaciones y construye emociones. La confianza provoca una onda expansiva que termina por contagiar a quienes se encuentran en su área de influencia. Crea una atmósfera distinta pero muy reconocible, porque la confianza se huele, se toca, contagia, embarga, provoca, acciona; la confianza te conduce a un territorio donde no puedes ser otro que tú, ese tú más esencial, ése que construyes cada instante: tu mejor tú… Para entonces, ya estás compitiendo con el alma.
Con frecuencia se confunden ciertos conceptos del ámbito competitivo, de modo que, aunque muchos lo entiendan de otra manera, ser el mejor no se reduce sólo a una cuestión de calidad. Existe un espíritu ingobernable en esa lucha que toda competición brinda, un espíritu inasequible al desaliento, intratable en la batalla, incansable en el propósito marcado; sí, existe ese inconfundible espíritu que forja un equipo cuando se muestra capaz de integrar el talento de sus componentes y lo dispone para el bien colectivo. Entonces arrolla, devora incontenible los metros de cada reto, tritura los obstáculos que presenta cada necesario desafío. Y para entonces, ya estáis compitiendo con el alma.
 La confianza que pasó se fue, y la que tiene que venir no está aún para ayudarnos; se trata de encontrar la presencia total, la confianza que mueve el “aquí y ahora”, aquella que pisa y otorga el poder del presente que nos interpela y nos reta, ése en el que es posible el paso que nos acerca a la meta. Y para entonces, ya estáis compitiendo con el alma.
Compites sabiendo que el límite, con demasiada frecuencia, no deja de ser una representación mental, una creencia limitante tan inconsistente que se desvanece en el momento en el que decides traspasarlo. Y para entonces, ya estás compitiendo con el alma. Quien compite con esa pasión inspira, y quien inspira, lidera. Compites con la intención de descubrir el corazón de tu equipo, tocarlo, ganarlo, movilizarlo, disfrutarlo… Quieres ganar, quieres ser mejor, quieres y vas a conseguirlo; vamos a conseguirlo.

"Son grupo, equipo, se quieren..." La identidad como factor en la competición.

“El liderazgo es lograr que las miradas apunten más alto, que la actuación de la gente alcance el estándar de su potencial y que la construcción de personalidades supere sus limitaciones personales.”
Peter Druker
Hace algún día, a primera hora de la mañana, de vuelta del entrenamiento y mientras recobraba algo de energía con un relajante desayuno, hojeaba la prensa que suele haber en casa en verano (Nos resistimos –al menos en vacaciones- a abandonar la hoja impresa de alguna que otra cabecera). Y en seguida me atrapó –al menos para mí- una conmovedora experiencia. Y es que todo lo que desprenda el aroma del espíritu de equipo, del liderazgo, la motivación, la superación, los retos… En fin, que me incendia por dentro sin poder ni querer hacer nada por evitarlo.
Se trata en esta ocasión del testimonio de Luis Prieto, readaptador físico español de la selección nacional de fútbol costarricense. De manera sencilla pero rotunda expone en el diario MARCA lo que para él supone el secreto de un equipo que ha sorprendido a propios y extraños en este mundial disputado en Brasil.
“Me siento a desayunar y leo diarios que se preguntan cuál es el secreto de Costa Rica. La respuesta es simple: son grupo, equipo, se quieren, son compañeros, pero sobre todo, hay respeto, lealtad, humildad, compañerismo y empatía, valores arraigados en ellos, pero olvidados por otras personas.
Como todo equipo, tienen sus manías y rituales. El respeto a la fe es fundamental en el grupo, y la oración en los entrenamientos y en los partidos es innegociable. Pero la oración de competición es la que más me estremece, la que recoge todas las sensaciones previas al partido y que finaliza con un amén y un grito de ¡Costa Rica, todos a una!”
No pude evitar entonces conmoverme, crear una pausa y degustar toda esa energía emocional que provocaba esa hermosa experiencia de equipo. Y ahora escribo porque, desde aquella lectura, llevo conmigo un eco persistente. Como si del estribillo de una canción que te persigue se tratara, aún suena en mí, inspirador y contundente, ese “…son grupo, equipo, se quieren…”
Estoy plenamente convencido que toda victoria es la suma de cuantos factores entran en liza en el mundo de la competición, de la misma manera que considero que hay factores que constituyen un auténtico soporte, que hacen que, en definitiva, puedan darse otros, quizá los más llamativos. De modo que alcanzar un reto, levantar un trofeo, lograr un ascenso, salvarse de un una situación apurada, o cualesquiera de las situaciones de triunfo o éxito que podamos imaginar, solo es la parte resplandeciente de una realidad mucho más compleja y, sobre todo, mucho más completa.
Uno de esos factores soporte es, sin duda, el forjado de los equipos. Y es que su espíritu competitivo y el aura de superación que los caracteriza vienen de mucho antes y es el que provoca todo cuanto luego llega, todo cuanto luego resplandece y se muestra visible para todos.

Costa Rica, también Colombia o incluso México, no van a ganar ya la Copa del Mundo, pero, por encima de sus resultados, han demostrado la capacidad que puede llegar a tener un equipo para conectar con su gente, para construir identidad y generar adhesión incondicional; la capacidad para inspirar y alinearse con los valores que los han hecho grandes incluso en la derrota. Y eso, casi siempre, es mejor que ganar, porque trae el alma y la esencia de la competición más allá de la expresión obligada de la victoria o la derrota.

jueves, 28 de agosto de 2014

Pretemporada. 5 claves para afrontar la construcción de tu equipo.

Fue al término de una sesión de trabajo físico muy exigente en el ecuador de la pretemporada. Ejercicios integrados y combinados con balón; estímulos continuos y cambios de actividad. Fuerza, resistencia, elasticidad; solos, en pequeños grupos… Magnífica planificación y conducción por parte del Preparador Físico bajo la supervisión del entrenador. No lo decidimos, pero ambos permanecimos en el campo mientras todos se iban retirando. Dejamos primero sitio al silencio y en seguida surgió la conversación en el césped. Se le notaba preocupado porque creía que faltaba algo; que no veía ciertas cosas necesarias y la temporada arrancaba en apenas dos semanas… y entonces se soltó.
-No sabría decirte bien –sostuvo dubitativo-; quizá convicción, no sé si entusiasmo, o confianza… El caso es que los veo serios… Sí, puede que sea eso: serios, como si estuvieran tristes, tensos.
-¿Y qué te preocupa de eso? –le reformulé. Entonces su mirada se perdió en la lejanía del campo como si quisiera escrutar en el horizonte la respuesta.
-Lo que quiero es que todo salga bien… -sentenció devolviéndome de nuevo la mirada.
-¿Todo?, ¿bien? -No pude ni quise reprimir mi sonrisa, pero tampoco dañar la complicidad y el respeto que nos profesamos.
-Ya sabes, todo lo marcan los resultados; este mundo es así de caprichoso. Pocos ven el sacrificio y el trabajo que hay detrás. Si luego el balón no entra…
Desde que su mirada buscó en la lejanía supuse que se trataba de algo relacionado con la seguridad de los resultados y la incertidumbre del camino; el tenerlo todo bien atado; haber planificado y realizado un trabajo de precisión casi milimétrica y empezar ya a ver muy cerca la competición, donde se introducen las variables que no dependen solo de ti ni siquiera del grupo y, sobre todo, de ese sometimiento al poder implacable de los resultados.
Tranquilo, entrenador. No puede estar todo, absolutamente todo, en este momento. Estamos sembrando y abonando el terreno y no podemos exigir la certeza de los resultados. Estas claves pueden ayudarnos en plena pretemporada.
1.   Limpia. La pretemporada es la pequeña mochila vacía de cada uno y la gran mochila vacía de todos. Intenta vaciarlas primero de todo aquello que robe espacio a lo que será fundamental en la competición. Creencias, temores, inseguridades, prejuicios… No todo lo que traemos suma.
2. Llena. Comienza a llenar las mochilas teniendo siempre en cuenta los cinco compartimentos: físico, táctico, técnico, mental/emocional y relacional. A veces integrado; otras con trabajo específico, pero no excluyas ninguna dimensión. La temporada es muy larga y todas jugarán en la competición.
3. Señala. Visualiza el conjunto del camino desde el principio, sitúa el momento de trabajo siempre que puedas y trata de poner el foco en el instante de tal manera que todos sientan la importancia del “aquí y el ahora”. A todos nos gusta distinguir el destino e interiorizar la ruta. Nuestra entrega alcanza entonces más sentido. Crea alianza y aliados.
4. Motiva. Si crees en lo planificado y la respuesta de tu equipo es satisfactoria, no cuestiones en cada momento tu método o tus decisiones. Concédete espacio a ti y al grupo para integrar todo el trabajo. Hay un momento para decidir, otro para trabajar y otro para evaluar. Alienta y estimula a los tuyos; que observen y se contagien de tu energía y convicción.
5. Implica y confía. No se controla todo. Hay entre un 15 y un 20% de variables que no dependen de ti, ni del grupo. Existen factores en la competición incontrolables; no pueden ocupar, ni mucho menos nublar, tu visión y tu camino que, al fin y al cabo, es la de tu equipo. Todo lo que suma en pretemporada, multiplica en la temporada. Todo lo que resta, luego divide. Sé lo que quieras que sean.

-¿Qué te gustaría que tuviera tu equipo; qué es aquello que crees que no le puede faltar, míster? –tuve clara la pregunta tras el silencio que nos concedimos.
-Supongo que dignidad, orgullo, confianza, sentido de equipo, pasión por lo que hacen, superación en la adversidad… Son muchas cosas.
-Entonces, deberías estar tranquilo y confiar en tu trabajo. Supongo que no debes temer nada si lo ven en ti.

Empezamos a caminar hacia la boca de los vestuarios. Una media sonrisa pareció instalarse en su gesto relajado mientras enrollaba y desenrollaba entre su dedo índice la cuerda de su silbato gastado.