jueves, 30 de octubre de 2014

"El 7". Aquel que elevó el instinto a talento.

“Lo que más marcó en el club fue su carácter.
Tenía inteligencia interior”
Jorge Valdano
         Todo comenzó con una decisión del entrenador, Jorge Valdano. Quién sabe qué pesó más en ese momento, si la confianza en un chaval algo desgarbado que pedía paso a golpe de un acierto y una confianza casi insolentes, o más bien el mensaje hacia un grupo en el que asomaba el fantasma de la apatía. El caso es que un 29 de octubre, en La Romareda, pisó el césped zaragozano aquel niño que parecía estar a punto de romperse entre zancadas asimétricas y movimientos impulsivos.
         Y una semana después sucedió lo inevitable; aquello que había sido presagio y que -como quien esperase una cita mayor- ya nada ni nadie pudo reprimir. Era una noche algo fresca, pero en la que el otoño aún permitía la manga corta en el Bernabeu. Corría el minuto 36 de un partido disputado entre merengues y colchoneros. Laudrup avanza desde la medular del centro del campo, dejándose caer ligeramente hacia la banda izquierda con el balón pegado al pie. Zamorano marca el movimiento de desmarque que arrastra y desorienta a la defensa atlética. Y entonces, llegando desde la derecha y buscando el área como quien intuye la presa cercana, aparece un depredador con los colmillos afilados y una carrera enfurecida, con un hambre tan voraz que toda resistencia pareció inexistente. Tras una mágica asistencia con el exterior de su compañero, aquel animal futbolístico puso el balón allí donde habita lo inaccesible para el cancerbero, como quien apunta y da con el lugar donde los depredadores ponen el colmillo para asestar su mortífero y definitivo mordisco…
        Así entró Raúl en la sabana de este caprichoso y bendito deporte. Él no estará en la lista de los mejores cinco futbolistas del mundo, porque en esos parámetros, además, los hay mejores. Pero tampoco parece necesitarlo Raúl para sentirse futbolista y ser feliz siéndolo; ni mucho menos para haber transmitido a tantos jóvenes que ahora se están formando o quieren ser futbolistas una de las mejores lecciones posibles: hay que amar mucho lo que haces para poder llegar lejos; hay que sentir tanta pasión por lo que haces que solo tienes oídos para escuchar el ruido del trabajo que día a día te lleva a esa estación que te acerca cada vez más a tu destino.
         Instinto, sobre todo instinto, pero también otros factores, tales como la voluntad, la disciplina, la pasión, la calidad, o el talento. Veinte años después de su estreno, en “el 7” descubrimos al futbolista que, con su trabajo infatigable, ha elevado a talento el instinto; descubrimos al futbolista que incluso estuvo por encima de su cuerpo. Y es que cuando la inteligencia logra canalizar el instinto surge y se desata el genio. Y sí, quizá Raúl no tenía nada especial, no había un aspecto por el que pudiéramos reconocer su talento; era su inconfundible todo, esa manera tan terca y audaz de reunir lo más valioso de sí lo que ha conseguido hacer como pocos.

domingo, 12 de octubre de 2014

La motivación como factor mental y emocional.

“Te convertirás en alguien tan pequeño como el deseo que te controle; y en alguien tan grande como sea tu aspiración dominante”
James Allen
         La competición ya echó a andar hace semanas y tanto tú como el equipo habéis recorrido el camino suficiente como para revisar la calidad y la consistencia de vuestros pasos. El hecho de haber afrontado las primeras jornadas te concede la oportunidad inmejorable de calibrar tus motivos; de valorar si tus objetivos son proporcionados, o si tus valores se están mostrando en cada entrenamiento y cada partido de competición.

OBJETIVO: Descubrir la MOTIVACIÓN natural de tu EQUIPO para vincularla a los objetivos marcados.

FACTOR: MOTIVACIÓN.

DESCRIPCIÓN…
La MOTIVACIÓN es el motor de la persona. Se trata de todo aquello que es combustible para la acción; se trata de las razones que tejen nuestro impulso y hacen que se extiendan a lo largo del tiempo. Sin razones no hay arranque, y sin motivos no hay camino que te conduzca a la meta exigente. La energía del ser humano se encuentra provista de motivación
Identifica tu motivación, una es extrínseca y proviene de factores externos que no dependen de ti; otra es intrínseca y se encuentra dentro de ti, en ese espacio en el que hayas alojado todos tus motivos y cada una de tus razones. Toda motivación suma, pero debemos ser conscientes de que no todas son combustible de la misma calidad.
Así. la elección del canal de nuestra motivación es tarea fundamental, tanto como construir un recia interioridad en los deportistas, un espíritu desde el que proyectar la acción y también donde dirigir los imputs competitivos.

HABILIDADES necesarias que debe fomentar el entrenador...
Para que la MOTIVACIÓN llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el deportista y el EQUIPO, requiere de:
·         Reflexión. Pocas habilidades tan educativas y formativas en el deporte como la capacidad de contemplación y reflexión. El deportista que deja espacio al análisis siempre tendrá abierto su margen de mejora. También es un hábito que puedes proporcionarle tú. ¡Haz que tu grupo participe de las posibles soluciones!
·         Provocación. Incita a mirar adentro para que busquen razones y motivos por los que entrenar y competir; y también para los que destinar el mejor esfuerzo. Provoca y consigue. ¡Estimula para que encuentren y construyan motivos!
·         Activación. Tienes en tu mano la posibilidad de reunir todos los motivos de tu equipo cada vez que lo veas necesario, incluso recordar alguno de ellos en determinados entrenamientos o partidos para provocar la energía y la acción más limpia, intensa y concentrada.
·         Redirección. Los resultados son la expresión necesaria de toda competición, medición con frecuencia inexacta de tu esfuerzo y el de todo el equipo. Ante el trato desfavorable de los tanteos acude de vez en cuando a sus motivos más esenciales para sostener el rendimiento y evitar su caprichosa curva emocional.

COMPETENCIAS o CAPACIDADES que el deportista consigue…
La MOTIVACIÓN fomenta en la persona una serie de competencias o capacidades que no solo le serán muy útiles en su práctica deportiva, sino que se transferirán y extenderán al conjunto de su vida, cualesquiera que sean sus circunstancias. Alguna de las competencias que genera la MOTIVACIÓN son:
·         Convicción. La motivación es fuerza motriz. Cuando la persona la descubre o la construye, sus pasos no son forzados, y todo movimiento comienza desde donde debe hacerlo para que dure, desde dentro de la persona.
·         Implicación. Si los motivos se encuentran vinculados a los valores personales del deportista, lo tienes todo de él o ella. Su mejor versión se encuentra tan cerca o tan lejos como la alineación entre sus valores y los motivos que lo movilizan. Si te paraste a conocerlos y compartirlos, tendrás al deportista en la mejor rampa de lanzamiento posible.
·         Superación. No hay tantos límites; casi todo lo que afrontamos y gestionamos son obstáculos. La superación será valor y capacidad de tus deportistas si sus motivos son realmente inspiradores. Ayuda a que lo sean. ¡Siempre más!
·         Resistencia. Dime tus motivos y te diré tus metas. No hay desierto infranqueable, sino motivos inconsistentes. La motivación genera resistencia, durabilidad, capacidad de sufrimiento.
Experimenta ahora tú, entrenador, los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la MOTIVACIÓN. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Puede que la motivación no efectúe regates sorprendentes o asista a un compañero desmarcado, pero recuerda que hay factores imperceptibles que juegan. Entrena tu mente; entrena tu corazón. ¡MOTIVA!

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los sueños están a nuestro alcance.

"La gente a la que le va bien la vida es la que va en busca de las circunstancias que quiere, y, si no, las encuentra."
George Bernad Shaw

  Hay un espíritu en el ser humano que lo genera todo. Aún en la peor de las circunstancias, o precisamente por ello, existe algo muy dentro de él que lo dispone a lo mejor, y no descansa hasta ver cumplido ese propósito por el que estaría dispuesto a consumir lo que es. 
    Después de no pocos y necesarios tropiezos, aprendemos que la vida sólo puede ser llenada con más vida; de ahí que sea difícil que cuanto pueda encontrarse alejado de ésta pueda llegar a colmar la más honda aspiración a la que está convocado tu espíritu humano. Si te dieron las alas para volar, no serás feliz hasta que no consigas volar
      No estamos hechos para experimentar la condena de arrastrarnos en la fría galería en la que pueden convertirse los días. No consiste en tener la seguridad de llegar, pero sí, al menos, en tener la certeza de que merece la pena intentarlo; que sólo el intento ya contribuye a llenar ese inconsistente recipiente en el que das cabida a la vida que recorres. 
    Nada como poner todo tu corazón en el centro de la pequeña historia que eres en medio de la inmensidad. La fuerza de la gran historia es, precisamente, la multiplicación de cada una de las pequeñas grandes historias que, como la tuya, está llena del corazón del mundo, ese corazón que de algún modo todos alimentamos y que late durante un maravilloso tiempo en y desde ti.
      Sencillamente, impulsarnos, caminar juntos y alentar cada paso al frente que compartimos, porque encontramos en hacerlo en equipo, además, una inconfundible sensación de plenitud que inunda el espíritu humano. 
      Para muchos, pesa tanto el vértigo de tener en la mano la posibilidad de alcanzar nuestros sueños que prefieren quedarse en la excusa de creerlos lejanos. Pero ese es el cambio, la mentalidad, nuestra mentalidad. La superación, el ánimo, el crecimiento está dentro de nosotros como dinamismo imparable que podemos encauzar con nuestra voluntad más firme y decidida. Sólo se necesita un lugar al que ir, un sentido por el que llegar... y se llega, claro que se llega.



jueves, 11 de septiembre de 2014

No sin mi equipo. (Elogio del deporte modesto y la experiencia de equipo)

"Los buenos equipos acaban por ser grandes equipos cuando sus integrantes confían los unos en los otros lo suficiente para renunciar al yo por el nosotros."
Phil Jackson.

     La diferencia la podrán marcar otras cuestiones, pero poco -más bien nada- nos separa de lo fundamental con aquellos que se encuentran en lo que el negocio ha tenido a bien llamar élite. Y es que, más allá de ciertos patrones de calidad siempre discutidos y discutibles, existe un espíritu, una esencia en el mundo del deporte, de sus valores y sus enriquecedoras vivencias, alcanzable para todo ser humano que decida vivirlo y se predisponga a experimentarlo.
Así, a efectos de repercusión, aunque fuera tenga su impacto y su trascendencia, nosotros miramos dentro y tratamos de poner en valor la incidencia que en la persona y en el grupo tiene el deporte y su dimensión competitiva. Sólo entonces comprobamos que no se trata tanto de dónde estás como de qué sientes por dentro entrenando, justo antes de comenzar, en los instantes en los que estás compitiendo e incluso el momento en el que se apagan los focos y abandonas el juego. También ahí el deporte bendice a todos sin distinción.
Tanto para quienes lo practican solos, como los que lo hacen ante cien, para diez mil o para los que compiten ante cincuenta mil o más espectadores –absolutamente para todos, porque eso depende de ti-, hay un espacio singular, protegido y casi sagrado en el que, una vez instalado y abierto a su influencia, parece difuminarse hasta el espacio y el tiempo, terminando por existir sólo tú, tu equipo y ese juego competitivo que te envuelve y os arrastra a esa mágica locura en la que sólo cabe la entrega, en la que sólo se permite derramar el cuerpo y el alma como quien derrama vida que se esparce para la siembra.
Al fin y al cabo, no todo el que pisa deja huella, sino sólo aquellos que pisaron derramando el cuerpo y el alma que dispusieron en ese momento. Tal vez por eso a éstos los recordamos y a otros los olvidamos o sencillamente se pierden en la galería fría e inmisericorde del tiempo. Tal vez por eso nunca se olvida a quienes se pusieron una camiseta como quienes se enfundaban de una vez todos los sueños propios y los de aquéllos que tragaron saliva para poder después transmitir el aliento más puro del alma que de tantas y tan hermosas maneras compite.
Cierto, instalado en ese espíritu, no hay nada distinto entre lo que tu equipo siente cuando entra a un vestuario modesto y llega a morder el silencio, y quienes lo hacen deslumbrándoles el brillo de cada pulgada del confortable salón en el que se preparan. Y no hay tanta diferencia porque podéis también experimentar la presión más verdadera, aquélla que vosotros –vuestro irrefrenable e inconfundible espíritu competitivo- os imponéis cuando saltáis al escenario de juego y ya sólo pensáis en devorar cada segundo que se os regale de juego.

Entonces, vivir y compartir este espíritu deportivo y competitivo poco tiene que ver con el espacio en el que lo hagáis, sino con la actitud con que lo afrontáis y las personas con las que lo compartís. Ese espíritu no se encuentra en ningún lugar concreto, ni en ninguna categoría determinada, sino en el equipo que se muestra capaz de convocarlo, crearlo, vivirlo, respetarlo y, sobre todo, compartirlo. Tu equipo deja huella porque está en cada uno el cuerpo y el alma de todos; y en todos, el cuerpo y el alma de cada uno.  

viernes, 5 de septiembre de 2014

La COHESIÓN como factor de equipo. Compite con cada uno y con todos.

“El talento gana partidos,
pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos”
Michael Jordan
         La pretemporada quedó ya atrás o falta poco para que llegue a su fin. Ya fijamos en su momento el objetivo o los objetivos de la temporada. Incluso hemos tenido la oportunidad de acordar los valores que el grupo va a hacer suyos y con los que se va a comprometer. Aún estamos a tiempo de hacerlo. Transitamos por tanto el mes de septiembre con un propósito muy claro en el camino que hemos comenzado hace muy poco tiempo y que nos llevará lejos.

OBJETIVO: Afianzar el sentido y concepto de EQUIPO.

FACTOR: COHESIÓN.

DESCRIPCIÓN…
La COHESIÓN es el efecto resultante de la acción de reunirse o adherirse los miembros a un todo común y participado, donde tan importante es el propósito que convoca a cada uno de los integrantes como el mantenimiento de la singularidad individual que aporta cada miembro. Es decir, el EQUIPO comparte un todo del que formamos parte única y fundamental. La responsabilidad de la cohesión es individual; se trata de un compromiso de la persona, libre y rotundo. Efectivamente, nos encontramos ante una decisión personal para beneficio instantáneo del EQUIPO. En cualquier caso, el equipo no suele quedarse con nada de nadie; quien entrega recoge.

HABILIDADES necesarias que debe fomentar el entrenador...
Para que la COHESIÓN llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el EQUIPO, requiere de:
·         Compromiso. La decisión personal de cada individuo de ser y estar en equipo, de estar dispuesto a entender el valor de la entrega personal por el logro del grupo.
·         Integración. La voluntad de integrarse;  de ser uno, respetarse y respetar a los otros en el valor de su necesaria diferencia conmigo. En la heterogeneidad está el valor del EQUIPO
·         Participación. El deseo de aportar la propia persona, su singularidad, su especificidad, su esencia y cualidades personales, aquellas que solo él tiene como nadie y de las que el grupo se beneficia.
·         Renuncia. A lo largo de la temporada, la necesidad del conjunto no siempre coincidirá con la expectativa individual. Hacer ver estos momentos y proporcionar claves para gestionarlos contribuye al bien y propósito del EQUIPO.

COMPETENCIAS o CAPACIDADES que el deportista consigue…
       La COHESIÓN fomenta en la persona una serie de competencias o capacidades que no solo le serán muy útiles en su práctica deportiva, sino que se transferirán y extenderán al conjunto de su vida, cualesquiera que sean sus circunstancias. Alguna de estas competencias que genera la COHESIÓN serían:
·         Decisión. La vida está llena de opciones y decisiones en un océano de oportunidades y alternativas. Valorarlas y comprometerse hasta el final resulta fundamental en la formación y aprendizaje de la persona.
·         Sociabilidad. El mundo es mucho más grande que uno mismo. No todo empieza y termina en mí. La experiencia de EQUIPO se convierte en oportunidad para mostrar el respeto al otro distinto y complementario a mí; de crecer en la valoración y aceptación de la diversidad.
·         Generosidad. El deportista aprende e interioriza el valor de la entrega y la renuncia; del esfuerzo que requiere alcanzar nuestros mejores propósitos; de la necesidad de ponernos al servicio del bien común y la satisfacción que conlleva.
     Experimenta ahora tú, entrenador, los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la COHESIÓN. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Sin duda, la cohesión no marca goles o encesta canastas, pero construye la confianza necesaria entre quienes tienen que hacerlo. ¡COHESIONA! 

jueves, 4 de septiembre de 2014

La calidad de tu motor. Motivación tóxica; motivación sana.

"El éxito no es el resultado de una combustión espontánea. 
Tú tienes que encenderte primero."
Fred Shero.

    La motivación no siempre te hace más fuerte. Puede parecer contradictorio, pero, observado con cierto detenimiento, es la realidad que en forma de paradoja se impone. No conviene afirmar gratuitamente que toda motivación alimente ese espíritu indómito que sustenta la fortaleza humana. Más aún, diríamos que incluso existe la posibilidad de que, cierto tipo de motivación, suponga una inyección letal que dosifica imperceptiblemente su inadvertido principio activo, o pasivo, por mejor decir.
Sea como fuere, con el razonable propósito de conseguir lo mejor de uno y de los demás, quizá con la intención de obtener resultados superiores, la motivación, y todo lo que le rodea, se ha convertido en una cuestión recurrente para los que con devoción analizan claves de rendimiento personal y de equipos. Todo por la motivación, pero… ¿cuándo llega a convertirse la motivación en un desconcertante enemigo que horada el alma combativa y competitiva de la persona y los equipos?
Bien es cierto que, más que de las consecuencias o los efectos en sí de la motivación –la mayoría sólo se fija en éstos-, todo depende de la fuente, del origen de ésta, de su procedencia, del motor que la propulsa para convertirse en una fuerza incontrolable. En este sentido, se podría argumentar algo como “dime de dónde procede tu motivación y te diré hasta dónde podrás llegar con ella”. De modo que establecemos una diferencia muy sutil, pero al mismo tiempo muy evidente, entre una motivación tóxica y otra motivación sana.
  Así, de la motivación tóxica destacamos un fenómeno que se extiende con la facilidad de una plaga: el requerimiento permanente del estímulo exterior para disponer de la necesaria motivación, algo que inevitablemente conllevará una dependencia que conduce a la debilidad. El fundamento de este tipo de motivación está basado en la cultura de la eficacia, de modo que valora el resultado por encima del proceso que sustenta esa actitud motivada y motivadora. La emotividad, en este caso, domina el marco de la interacción personal y colectiva.
El punto de inflexión para la persona o el equipo viene en el momento en el que no aparece el citado estímulo externo de manera prolongada, quedando obligación de mirar hacia dentro para encontrar los resortes que ahora sustenten y mantengan el espíritu, el carácter que llevará a la consecución de los objetivos o los retos.
Queda ya entonces esbozada la motivación sana –blanca, si se prefiere-, marcada por el rasgo inequívoco de fortaleza interior de la persona o el equipo. Este tipo de motivación hunde sus raíces en los argumentos que la misma persona ha ido alojando en su espíritu a lo largo de toda su vida.
Su capacidad de éxito la proporciona su libertad respecto de los estímulos externos y los condicionantes de afuera. En este caso, la emotividad deja paso a lo emocional, que gestiona el marco relacional con el equilibrio y la ponderación de quien no contempla la estridencia como estilo de vida. Al mismo tiempo, la motivación que nace de la interioridad de la persona o los principios/valores del equipo se muestra efectiva; no se aferra a la urgencia como modo de proceder. Atenta siempre al exterior, no abandona sus claves de análisis y actuación, apreciando la capacidad y soporte de los procesos por encima de los resultados.

martes, 2 de septiembre de 2014

#RetoPDC2014. Una experiencia de coaching educativo-deportivo.

“No mires hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo,
sino alrededor con atención”.
J. Therker
Entramos en la meta de la mano, porque todo el curso no ha dejado de ser precisamente un mano a mano para encontrar motivos, descubrir razones y compartir emociones que nos acercaran al objetivo que hemos compartido. La cuenta atrás decidimos comenzarla cuando quedaban 124 días, una cifra ya mágica para cada uno de nosotros.
El #RetoPDC2014 ha sido toda una experiencia vital que han protagonizado un grupo de alumnos de ESO adscritos al Programa de Diversificación Curricular de mi cole, y que he tenido la fortuna de acompañar como profesor del ámbito socio-lingüístico, pero, sobre todo, como coach y... compañero de equipo. Para quienes no estéis relacionados con el mundo de la educación, debéis saber que se trata de un Programa de Estudios orientado a un tipo de alumnado muy concreto, que debe cumplir una serie de requisitos, resumidos en dos fundamentalmente:
1. La dificultad para alcanzar los objetivos que les permitan conseguir su titulación en ESO.
2.  Y su interés, sin embargo, en hacerlo posible. Para todo ello, se adapta el currículo, se flexibilizan los contenidos, sin dejar de trabajar los objetivos generales.
Ellos saben perfectamente que no han sido los mejores estudiantes de la etapa; que no siempre aprovecharon el tiempo lo mejor que pudieron; o que les cuesta llegar a ciertos niveles de exigencia que otros compañeros alcanzan. Pero ellos curran ahora como auténticos campeones y -como tantos otros- tienen sus días buenos y también sus días… mejores (jajaja). Eso sí, estoy convencido -antes de que ocurra- que van a obtener, a pesar de todo, su título de graduado en ESO, y esa será su victoria completa ahora.
Han sido 124 días de auténtico aprendizaje para cada uno de nosotros. El #RetoPDC2014 ha consistido en preparar una carrera de 5 km, con entrenamientos planificados semanalmente, adaptados a su situación y revisados cada lunes. La voluntad, la disciplina, el esfuerzo, la constancia, la superación, entre otros valores, han sido nuestros compañeros de camino estas inolvidables semanas. La comunicación entre nosotros, la posibilidad de dedicar un tiempo a descubrir y compartir sensaciones personales en grupo ha sido estimulante en todas las dimensiones: mental, emocional, física... Íbamos descontando día a día como quienes saltan vallas o salvan el peldaño de una larga escalera; constancia, tiempo, paciencia...; y las semanas volaban hasta que -por fin- llegó el momento; el día y la hora. Sábado, 31 de mayo. Montilla, 22:00 horas. XI Carrera Popular “María Auxiliadora”.
El #RetoPDC2014 fue posible por muchos factores. Ellos –Ángel, Jorge, Abrahán y Antonio- han demostrado algo realmente valioso para muchos de sus compañeros y profesores; algo que tiene un valor fundamental; algo que nos queda –por lo menos, a mí- como su mejor lección, sintetizada en estas claves:
1.   Ser conscientes de que hay cosas que CAMBIAR en ti y la necesidad de hacerlo ¡YA!
2. Quererlo, desear el cambio. COMPROMETERTE día a día con él, hasta cuando creas que cuesta tanto que no está hecho para ti. Entonces necesitas descubrir que realmente se trata de una falsa creencia. Vas a poder; vamos a poder.
3. Experimentar la DIFICULTAD; mirarla a la cara. Probar el miedo y la posibilidad –como en otras cosas- de rendirte y… ¡NO HACERLO!
4.   Vivir la fuerza inspiradora del grupo. Sentir la responsabilidad de construir un EQUIPO, ser y sentirte parte de él. El equipo sostiene en los peores momentos.
5.   Sentirte orgulloso de tu mejor ESFUERZO. Repetirte que el verdadero logro no es llegar, es la manera de hacerlo, esa que te hará soñar con otros desafíos y muestran tu forma de afrontar la VIDA.
6.   ¡Celebrar los LOGROS! La vida depara todo tipo de momentos, pero es tu ACTITUD la que marca la diferencia. Hay que celebrar la vida, cada uno de sus instantes. Puedes elegir que cada cosa que te suceda esté para beneficiarte o fastidiarte; o, en cambio, puedes elegir que está para enseñarte algo.

El #RetoPDC2014 quizá no haya cambiado nuestras vidas de arriba a abajo, pero sí le ha proporcionado nuevas claves que nos ayudan a caminar con un espíritu renovado, más fuerte. La distancia no importa, el tamaño de los retos los marca tu corazón. De todas formas, la superación es generosa con quien la busca; lo mejor no son los resultados, sino la oportunidad que te concede de ir descubriendo quién eres.

Afortunadamente tenemos vida, instantes, camino y, sobre todo, nuestros pasos, esos que decidimos dar ahora y que nos pueden acercar -depende de nosotros- al gran objetivo marcado. El mejor reto es el que empiezas; la mejor batalla es la que ahora libras. El destino se construye; y lo haces con el paso que das en este momento ¡Gracias, AMIGOS, por la experiencia! Vosotros, vuestro entusiasmo, vuestra exigencia y vuestra vitalidad también me han permitido hoy ser algo mejor profesor que hace un año y, sobre todo, mejor persona. ¡GRACIAS por compartirlo!

Del grupo al equipo. Construirse como arte y oportunidad.

"Afirmar que mi destino no está ligado al tuyo es como decir: 
Tu lado del bote se está hundiendo"
Hugh Downs

     El “nacemos humanos, pero no humanizados” de la antropología evolutiva más clásica encierra claves que nos permiten valorar la importancia del entorno en el desarrollo de la persona. Ciertamente, el ser humano se humaniza progresivamente, y en ese delicado y complejo proceso en el que el animal social desata ese instinto que la cultura se encarga de moldear, se experimenta un sano ejercicio de reciprocidad que mantiene el consistente hilo de las civilizaciones que han sido, son y serán: individuo y comunidad, comunidad e individuo.
Sea como fuere, hay un momento del crecimiento personal que aparece asociado de manera indisoluble a la pertenencia a un grupo de referencia, bien sea elegido o sobrevenido. Permanecer aislado a la influencia del entorno resulta complicado, artificial e incluso inconveniente para la persona.
Únicamente un espíritu libre y crítico establecerá la diferencia entre la naturaleza de un grupo y la de un equipo, marcada por una serie de rasgos inequívocos. Así, del grupo se forma parte, mientras que al equipo se pertenece. El grupo ya lo encuentro en mi vida, me viene incluso dado; en el equipo, en cambio, decido entrar y me aceptan. En el grupo eres uno más de tantos, en el equipo te sientes único, experimentas que nadie podrá poner lo específico que tu ser aporta.
El grupo es un abigarrada masa informe en la que el individuo termina por perder su singularidad; si bien, a diferencia del grupo, el equipo refuerza el papel del individuo, necesita preservar su identidad para disponer de la máxima expresión de ésta –talento-, de manera que contribuya del mejor modo posible al bien del conjunto.
El valor del equipo es mayor que la suma del talento individual que sus componentes son capaces de reunir. Del contacto con el equipo descubro que mi persona sólo puede ganar y sentirse completada. Para el equipo es importante el logro colectivo, pero resulta del todo decisivo que tú salgas victorioso también como individuo. Esto reforzará la propia identidad y la del equipo.
El grupo se mueve, funciona, se muestra intermitente y no divisa retos. Hay que decir que el equipo comparte un proyecto, analiza los medios  que están a su alcance para conseguirlo, y traza el camino que les conduce a la meta, haciendo previsión de las dificultades que puedan presentarse en a lo largo del trayecto. El equipo no sólo visualiza la meta, sino que también reproduce las situaciones de esfuerzo y sacrificio necesarias, de tal suerte que no aparezca la frustración en el primer contratiempo que lo asalte.
El grupo llega a ser complaciente, no te exige; relativiza y puede justificar cualquier actitud. sin embargo, el equipo respeta tu espacio y necesita tu libertadtu propia genialidadtu especificidad; de lo contrario, no habría valor añadido ni aportación. Llega el momento en el que experimentas con auténtica satisfacción que mejoras al equipo y el equipo te mejora a ti. El equipo no tiene a nadie que haga lo que tú -sólo tú- eres capaz de hacer. Y Lo más importante, el equipo no tiene a nadie que sea lo que tú eres. Y lo sientes.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Cuando no se trata de ganar, sino de vencer.

Tras escuchar serenamente tu corazón, te espera la acción más trepidante y decisiva que puedas emprender. Y es que estás hecho para alcanzar aquello por lo que luchas cada día de tu vida; aquello por lo que entregas tu alma sin reparar en la posible pérdida. Sí, estás hecho para consumirte en el fuego de la existencia, arrojando luz en medio de tanta tiniebla y desesperación que te rodea.
Estás hecho para ser libre, y desde tu libertad crecer, depositar en la gran historia tu pequeña y humilde historia. Estás hecho para soñar y hacer realidad tu sueño, por mucho que otros se empeñen en demostrarte que soñar es de ilusos. Nada ni nadie apaga fácilmente la luz que desprende la mirada sedienta de quienes están convencidos de sus propósitos.
Estás hecho para ofrecer tu mano a quien tropieza en el camino que compartes, para apartar a quienes desconfían de tus posibilidades. Estás hecho para alcanzar la meta lejana, aquélla que sólo tu corazón divisa en el horizonte difuso, mientras otros desisten cada día de ese hermoso intento por interpretar la melodía de lo retos personales
Estás hecho para no rendirte jamás, por grandes que sean los obstáculos, y sentir el orgullo de levantarte tras la caída inesperada e inoportuna. Estás hecho para vibrar con aquello que amas o has aprendido a amar. Estás hecho para lamentar cada derrota, pero también para emocionarte y compartir con los tuyos cada victoria.
Y, a pesar de todo, cuando alguna vez caes, lo haces con la dignidad de quien descubre que no estamos hechos para ganar, sino que estamos hechos para algo mucho más noble y glorioso: vencer.

viernes, 29 de agosto de 2014

Competir con el alma. La confianza como factor.

“No permitas que nadie te diga que eres incapaz de hacer algo. Si tienes un sueño debes conservarlo. Si quieres algo sal a buscarlo. La gente que no logra conseguir sus sueños suele decirle a los demás que tampoco cumplirán los suyos.”
Will Smith. En busca de la felicidad.

         Ganan los mejores, aunque –eso sí- los mejores no siempre sean los más buenos. Quienes lo han vivido y lo han compartido saben que se trata de una cuestión de confianza. Todo lo que algunos quieren llamar triunfo, éxito o victoria tiene como elemento esencial e insustituible la fe inquebrantable en las posibilidades propias y de equipo. Efectivamente, cuando lo vives y lo compartes llegas a creer de tal modo en el valor de la entrega que todo parece posible y, muy poco, inexpugnable. Para entonces, ya estás compitiendo con el alma.
La confianza es una actitud potenciadora que, transformada en hábito, genera en las personas y equipos un espíritu inconfundible, proporciona un sello singular. Y es que, cuando te exiges cierto nivel de presencia y sólo te permites dar lo mejor, se puede llegar a perder sin que resultes del todo vencido. Para entonces, ya estás compitiendo con el alma.
La confianza, como sucede con el compromiso o la misma entrega, transpira sensaciones y construye emociones. La confianza provoca una onda expansiva que termina por contagiar a quienes se encuentran en su área de influencia. Crea una atmósfera distinta pero muy reconocible, porque la confianza se huele, se toca, contagia, embarga, provoca, acciona; la confianza te conduce a un territorio donde no puedes ser otro que tú, ese tú más esencial, ése que construyes cada instante: tu mejor tú… Para entonces, ya estás compitiendo con el alma.
Con frecuencia se confunden ciertos conceptos del ámbito competitivo, de modo que, aunque muchos lo entiendan de otra manera, ser el mejor no se reduce sólo a una cuestión de calidad. Existe un espíritu ingobernable en esa lucha que toda competición brinda, un espíritu inasequible al desaliento, intratable en la batalla, incansable en el propósito marcado; sí, existe ese inconfundible espíritu que forja un equipo cuando se muestra capaz de integrar el talento de sus componentes y lo dispone para el bien colectivo. Entonces arrolla, devora incontenible los metros de cada reto, tritura los obstáculos que presenta cada necesario desafío. Y para entonces, ya estáis compitiendo con el alma.
 La confianza que pasó se fue, y la que tiene que venir no está aún para ayudarnos; se trata de encontrar la presencia total, la confianza que mueve el “aquí y ahora”, aquella que pisa y otorga el poder del presente que nos interpela y nos reta, ése en el que es posible el paso que nos acerca a la meta. Y para entonces, ya estáis compitiendo con el alma.
Compites sabiendo que el límite, con demasiada frecuencia, no deja de ser una representación mental, una creencia limitante tan inconsistente que se desvanece en el momento en el que decides traspasarlo. Y para entonces, ya estás compitiendo con el alma. Quien compite con esa pasión inspira, y quien inspira, lidera. Compites con la intención de descubrir el corazón de tu equipo, tocarlo, ganarlo, movilizarlo, disfrutarlo… Quieres ganar, quieres ser mejor, quieres y vas a conseguirlo; vamos a conseguirlo.